La Asociacion ARMORIA HISTORIA MILITAR se constituye el di­a 5 de Abril del 2008.
La Asociacion tiene como fines poner en comon los conocimientos adquiridos de los socios en todo lo relacionado sobre la Historia Militar,Las Armas Y  La Competicion

                       

 

 Para el cumplimiento de estos fines, se realizaran las siguientes actividades
Actividades de recreo y divertimento, reunion, convocatoria, exposicion, ilustracion, cambio de impresiones u opiniones de los socios en lo referente a la Historia Militar.
 

ELOY GONZALO, EL HEROE DE CASCORRO PDF Imprimir
Historia Militar - Gestas
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"Calor, siempre el calor y esa humedad, uno no puede respirar, ni tan siquiera cuando llega la noche, lugar extraño, tan lejos de lo que nos es conocido, la sangre golpeando en las sienes y el corazón latiendo como si quisiera salirse del pecho, la mirada fija más allá del parapeto y en el punto que he decidido alcanzar, la mano derecha asida con fuerza al final de la escala que me facilitará saltar fuera de la trinchera...."
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Eloy siente que estos pocos segundos que le separan de la muerte se han vuelto tremendamente largos y que su vida, como un sueño, pasa lentamente por delante de sus ojos. Siente el frío de aquella noche del 1 de diciembre de 1868, cuando su madre, Luisa García, después de cubrirle la cara de besos y abrazarle mil veces contra su pecho, se alejó llorando calle Mesón de Paredes abajo después de tirar del llamador de la puerta de la inclusa madrileña. Entre las ropas que abrigan al niño ha dejado una nota rogando a las monjas que cuando lo bauticen, le pongan de nombre Eloy Gonzalo Garcí­a. 

Poco tiempo estuvo en aquel albergue. Pasados sólo 9 dí­as fue recogido por Braulia Miguel, esposa de Francisco Reyes de profesión guardia civil. Pasa sus primeros años en la casas cuartel de los destinos del cabeza de familia hasta que cumple los 11 años en que es abandonado de nuevo al dejar de percibir los padres adoptivos la renta que mensualmente les pagaba la inclusa para su manutención. En diciembre del 1889, cumplidos los 21, el mozo es llamado a filas causando alta en el Regimiento de Dragones Lusitania Nº 12. De carácter reservado y muy trabajador, en pocos meses luce en la manga los galones de Cabo.

Influido por el ambiente familiar, decide encauzar su futuro como agente del orden y en 1892 ingresa en el Real Cuerpo de Carabineros, siendo sus primeros destinos las Comandancias de Estepona y Algeciras. Todo parecí­a transcurrir con normalidad e ilusionado, comienza los preparativos para contraer matrimonio. Pero le llegan ciertos rumores que le hacen desconfiar de su novia y descubre que le es infiel con un Teniente.

Por enfrentarse a este Oficial es encontrado culpable de un delito de insubordinación y sentenciado a la pena de 12 años de reclusión en un presidio militar. En noviembre de 1895, acogiéndose a un Real Decreto que suspende las condenas de aquellos que marchen a la guerra de Cuba, Eloy Gonzalo embarca hacia la isla caribeña. Una vez allí­, es encuadrado en el Regimiento de Infanterí­a Marí­a Cristina Nº 63, de guarnición en la plaza de Puerto Prí­ncipe. 

Eloy llegaba a Cuba en un momento delicado, pues los insurrectos atacaban constantemente a las tropas españolas. El 22 de septiembre de 1896, cuando su batallón se encuentra en la aldea de Cascorro situada a corta distancia de Puerto Prí­ncipe, es cercado por más de 3.000 rebeldes al mando del General Máximo Gómez. Las fuerzas españolas, compuestas por tan sólo 170 hombres, están al mando del Capitán Francisco Neila, un experimentado militar que ya cuenta en su hoja de servicios con dos cruces rojas al mérito en combate. 

Desafortunadamente, la distribución del poblado favorece a los sitiadores. Unas casas los protegen y desde ellas disparan a cubierto sobre los españoles. El Capitán Neila ordena realizar un asalto para desalojarlas, pero en una de ellas son rechazados. El tiempo se agota y los certeros disparos de los rebeldes hacen estragos en el destacamento. Pese a lo comprometido de la situación, el Capitán desoye la propuesta de rendición que estos le transmiten. El dí­a 26, la defensa se hace insostenible. La única solución es destruir la casa desde la que son batidos por el fuego enemigo. Eloy se presenta voluntario para llevar a cabo una acción temeraria: aprovechar la noche para arrastrarse hasta la casa e incendiarla.

El Capitán Neila sabe que es una misión suicida y así­ se lo hace saber, pero este insiste. El Cabo Eloy Gonzalo observa los movimientos del enemigo desde el parapeto. El Capitán está junto a él. A una señal convenida, en el extremo opuesto de la posición el Teniente Perier ordena a su sección abrir fuego para atraer la atención de los mambises lejos del punto por donde saltará el Cabo. El Capitán le ayuda a colocarse el fusil a la espalda y le tensa la correa para que no le moleste mientras se arrastra por el suelo polvoriento. Eloy se ajusta la cuerda que un Sargento le ha anudado a la cintura. Quiere que si le matan, sus compañeros recuperen su cuerpo. ¡Ahora!, le susurra su Capitán, y Eloy salta del parapeto y desaparece en la oscuridad.

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Tras una angustiosa espera, los españoles observan como la casa queda envuelta en un espeso humo blanco y, a continuación, la noche se ilumina por las llamas que devoran la construcción. La confusión que se crea en las filas rebeldes permite al Cabo Eloy Gonzalo regresar indemne con los suyos. La alegrí­a de los soldados españoles es inmensa y, animados por la hazaña de su compañero, realizan una audaz salida que sorprende a los sitiadores causándoles gran cantidad de bajas. Estos, al quedar sin lugar donde guarecerse, abandonan el cerco. 

Tras duras jornadas de combate, una columna de refuerzos llega al poblado y releva a los supervivientes de los 170 defensores que plantaron cara a 3.000 insurrectos durante 18 días.

Eloy Gonzalo, después de su hazaña, toma parte en otras importantes acciones militares. Por su valor le fue concedida la Cruz del Mérito Militar con distintivo rojo pensionada con 7,50 pesetas al mes, y el capitán Neila la Laureada de San Fernando. Pero el héroe moriría poco después, el 18 de Junio de 1897, en el Hospital Militar de Matanzas de una disenterí­a. Sus restos reposan en un mausoleo del cementerio de la Almudena de Madrid junto a los de otros compañeros muertos en Cuba y Filipinas. 

La acción de Eloy Gonzalo impactó enormemente a la sociedad española de entonces. Eloy era un soldado raso, no un oficial, y al pueblo llano le resultó fácil identificarse con él, ensalzando la figura del que serí­a conocido como El Héroe de Cascorro.

En 1897 el Ayuntamiento de Madrid decidió homenajearlo. Para ello le dedicó una calle y levantó una estatua en el Rastro esculpida por el escultor segoviano Aniceto Marinas e inaugurada en 1902 por el rey Alfonso XIII. Más tarde, un acuerdo municipal del año 1913 bautizó esta plaza con el nombre de Nicolás Salmerón, nombre que apenas conserva puesto que la popularidad del héroe dio paso a la denominación oficial de Plaza de Cascorro.

Un saludo

Jesús Madriñán

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